La violencia y la tragedia siempre recorren las obras del grupo Manojo de Calles; es más, las atraviesan. Pero también la actuación al borde, cuando la ficción se confunde con la realidad y cuando los actores se juegan (y se arriesgan) en cada escena. Pueden caerse o lesionarse, golpearse de verdad o vomitar al extremo el alcohol que acaba de ser consumido. Por esa razón es que siempre conviene estar preparado cuando se acude a las puestas de este grupo, que desde hace 17 años conduce Verónica Pérez Luna. El viernes estrenó su nueva obra, "Episodio inicial", cuyo tema gira alrededor de la peste. Y como en el texto de Albert Camus (1947), a partir de la plaga se incursiona en el tratamiento de la condición humana.

Pero no hay acá nada que semeje al ?absurdo? ni al existencialismo: sí una referencia a cómo Antonín Artaud compara la peste con el teatro. "Una verdadera pieza de teatro perturba el reposo de los sentidos, libera el inconsciente reprimido, incita a una especie de rebelión virtual e impone a la comunidad una actitud heroica y difícil", indica el dramaturgo francés.

"Episodio inicial" se puso en una nueva sala, La Roja (Marcos Paz 1.201), que poco o nada tiene que ver con lo convencional: los sillones donde se sienta el público, por ejemplo, forman parte de la escenografía (correspondiente a la sala de espera de un consultorio), donde a pocos centímetros de cada espectador se mueven con solvencia, se caen, discuten y se aman los personajes. Durante poco menos de una hora y media la tensión no decrece en ningún momento y el grupo logra mantener la atención, aún cuando algunos desprevenidos no hayan atinado a salir a la calle cuando los actores continúan allí una de las escenas más violentas de la obra, a metros de la vía, bajo la persistente llovizna. Desde este punto de vista, la obra logra "perturbar los sentidos", pero también reflexiona sobre algunas conductas. Las actuaciones son correctas en general, pero seguramente se destacan las de Tita Montolfo y Celeste Lafuente.